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Capítulo 2: Los Designios del Destino

Con los estudios terminados, el futuro se abrió ante Blas y seis de sus compañeros como un mapa por desplegar. La oferta llegó desde Mexicali: plazas en sanidad vegetal. Decidieron echar suertes, confiando el porvenir al azar. La suerte, caprichosa y a veces cruel, sonrió a Manuel, apodado cariñosamente “La Borrega”, un compañero muy estimado por Blas. Partió hacia el norte con la promesa de un nuevo comienzo. Pero el destino tenía un giro trágico reservado: en una parranda, Manuel agarró la jarra una vez de más, se cayó y, en ese instante frágil y estúpido, la vida se le escapó. Así es el destino: impredecible y devastador.

Los días transcurrieron y fue entonces cuando un maestro, conocido como “El Gladiolo”, les tendió un nuevo camino. Les ofreció trabajo en la Ciudad de México, en una institución recién nacida: la Comisión Nacional de Fruticultura. Sus oficinas, ubicadas en Paseo de la Reforma, eran reducidas, y el grupo de jóvenes ingenieros pronto resultó estorbo para el subdirector, el Ing. Jarquín, quien no perdía oportunidad de mandarlos fuera de allí.

El gobierno federal había creado esta paraestatal para fomentar la fruticultura, poniendo al frente a un hombre de experiencia y pragmatismo: el Ing. Salvador Sánchez Colín, exgobernador del Estado de México. Su visión era clara: para sentar las bases de un desarrollo integral, había que capacitar “a sangre y fuego” a los nuevos integrantes. Su filosofía era que, para mandar, primero se debe aprender lo que los peones y trabajadores del campo desarrollan.