Su amigo el tepehuano, ya integrado en el centro de Huajintlán, demostró rápidamente su temple. Una vez, enfrentó a policías judiciales que habían irrumpido en el centro para detener a un trabajador, exigiéndoles explicaciones en su propia oficina; como los agentes lo rodearon en forma amenazante, él mencionó que el departamento jurídico de la institución tomaría cartas en el asunto.
En otra, desafió al secretario de finanzas del gobierno a gritos para exentar del pago de impuestos a los camiones que transportaban plantas, al ser éstas para fomento y no para lucro. El gobierno había instalado casetas fiscales en todas las carreteras del estado para agenciarse recursos.
Otra acción fue contra un exjefe de tránsito estatal, con quien un trabajador tuvo un percance con un vehículo oficial contra uno de sus taxis. Aunque se cubrieron los gastos del taxi, este personaje quería que se pagara también el salario del chofer. Este corrupto dueño de más de 50 taxis tuvo la osadía de amenazar con la ayuda del jefe de la policía judicial estatal, quien al final se desistió.
Nuestro amigo el tepehuano, habiendo dejado a su amor en México, buscó nuevos horizontes en Morelos, con mujeres que lo hicieran feliz.
