Bajo el gobierno del Lic. Carrillo Olea, el tepehuano fue nombrado responsable de los Programas de Inversión Pública (PIPE) en agricultura (Anexo 15), construyendo centros de acopio para durazno en Ocuituco y Zacualpan e instalando cañones antigranizo en Tetela del Volcán y Zacualpan, mientras a Blas lo nombraron subdirector de Desarrollo Rural y comisionado para el Proyecto de Desarrollo Rural del Programa de Alianza para el Campo (Anexo 16), donde se distribuyeron miles de bombas de aspersión, sembradoras de precisión, plantas de agave y frutales, y se instalaron invernaderos.
Sin embargo, la sombra de la ineficiencia y la corrupción nunca se alejaba. En FRUFIMOR, los directivos contrataron una empresa de Chihuahua, recibiendo recursos para instalar una seleccionadora de durazno, un proyecto mal concebido desde el inicio —pues incluía un sistema de lavado que el durazno no requiere— y que olía a intereses creados y dinero de por medio. El proyecto fue tan absurdo que, en una ocasión, faltaban tornillos para el transformador y el tepehuano encontró a los responsables sentados en la banqueta, paralizados, teniendo que arengarlos para que consiguieran el material. Finalmente, la seleccionadora fue abandonada y arrumbada, para ser reemplazada posteriormente por otro equipo. En el ámbito forestal, la vigilancia del tepehuano fue crucial: descubrió que la planta proveniente de los viveros del COCODER en el D.F. llegaba infectada con agalla de la corona. Las pruebas del INIFAP de Zacatepec lo confirmaron, pero el delegado Antimio Vázquez pidió silenciar el asunto. Se acordó, como solución, quemar todo el cargamento contaminado e implementar una estricta revisión de los envíos futuros, un final apropiado para una era marcada por la opacidad y el desafío constante de sortear la incompetencia y la corrupción.
